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La hiperplasia benigna de próstata (HBP) se caracteriza por un crecimiento histológico de la glándula prostática que va a condicionar, en mayor o menor medida, la alteración del flujo urinario y la aparición de los denominados síntomas del tracto urinario inferior.

Esta enfermedad, de elevada prevalencia, suele comenzar en las edades medias de la vida (42% en autopsias de hombres entre 50 y 60 años) y aumenta progresivamente con el envejecimiento (88% de autopsias en hombres mayores de 80 años). Aunque es considerada una patología benigna, puede tener una evolución progresiva, alterando la calidad de vida (CdV) del paciente, cuando no se diagnostica y se trata a tiempo. El estudio de Pv más importante en España, fue llevado a cabo por Chicharro y Burgos en 1997: la Prevalencia media era del 11,8%, oscilando desde 0,75 % en varones de 40 a 49 años hasta el 30% en mayores de 70 años.

En el estudio prospectivo epidemiológico llevado a cabo por Carballido J. et al en Italia, Francia y España (2011), se vio que la Pv de HBP fue del 66% (de varones que acudían espontáneamente a la consulta de atención primaria (AP) con STUI) y que el 32 % estaban en riesgo de progresión de la enfermedad (PSA >1,5 ng/ml y volumen prostático (VoP) ≥30 gr/ml)

En el pasado, siempre se daba por supuesto que los STUI en los varones de edad avanzada, estaban relacionados directa o indirectamente con HBP. Sin embargo, a veces resulta difícil establecer una relación directa entre los síntomas y HBP. Dado que los pacientes buscan ayuda por los síntomas y no por HBP, los STUI son el síntoma guía en la valoración de los pacientes, que pueden presentar HBP, pero también vejiga hiperactiva (VHA) y afectación renal (poliuria nocturna).

Los STUI secundarios a HBP representan la primera causa de consulta al urólogo y la segunda causa de intervención quirúrgica. En la actualidad, el manejo del paciente con HBP implica no sólo al urólogo si no también al médico de atención primaria. Su importancia en AP se apoya en la alta Pv de esta enfermedad, acentuada además, por la presencia de una pirámide poblacional regresiva y por el aumento de la esperanza de vida.
Por tanto, la prevención de la enfermedad, el diagnostico inicial y la conveniente derivación al urólogo en determinados casos es responsabilidad del MAP. Se estima que más de la mitad de los pacientes con HBP pueden ser controlados en AP5. La HBP como otras enfermedades crónicas, supone una elevada carga para los sistemas sanitarios y un consumo importante de los recursos económicos. Ante la preocupación creciente por mejorar la calidad asistencial y optimizar los recursos disponibles; y el intento de eliminar la variabilidad existente en el manejo de esta patología, podrían justifcar la necesidad de difundir e implementar los protocolos de actuación en HBP.

ETIOLOGÍA.-
No se conoce con exactitud cuál es su mecanismo patogénico por lo que se invoca una etiología multifactorial.

La próstata es una glándula sexual que participa junto con las vesículas seminales y las glándulas periuretrales en la producción del líquido seminal. Su estructura es dependiente de los andrógenos y requiere el estímulo de la testosterona para su desarrollo y función, siendo la enzima 5-α-reductasa la que transforma la testosterona dentro de la célula prostática en la dihidrotestosterona (DHT), metabolito activo mediador del crecimiento prostático.
Son considerados factores de riesgo para el desarrollo de HBP, la edad (mayores de 50 años) y la actividad hormonal en la próstata. Otros factores invocados como el tabaquismo, la vasectomía, la obesidad o la elevada ingesta de alcohol no tienen el soporte de la evidencia científca en la etiología de la HBP.